03/04/2025 - Edición Nº786

Entretenimiento

Entrevista exclusiva

El Eternauta: el desafío de filmar en escenarios reales

01/04/2025 | Julián Romera y María Battaglia fueron los directores de arte de la primera temporada de la serie de Netflix dirigida por Bruno Stagnaro.



Fede Carestía

Empezó la cuenta regresiva definitiva de un proyecto que genera expectativas desde su anuncio a comienzos de 2020. El Eternauta está a la vuelta de la esquina. El próximo 30 de abril se podrán ver los primeros 6 episodios de la serie de Netflix que adapta la obra de Héctor Germán Oesterheld y que es un pilar tanto de la literatura argentina como de la ciencia ficción.

Por años se intentó llevar a cabo una adaptación que fuera capaz de plasmar en la pantalla esa emoción que habían transmitido las viñetas. Hasta Lucrecia Martel alguna vez estuvo cerca de hacerlo. Pero parecía una proeza imposible. Hasta que Netflix se acercó a la productora K&S, que desde 2005 había adquirido los derechos de imagen, y todo tomó forma.

Bruno Stagnaro (Okupas) fue el elegido para darle forma a este ambicioso proyecto. Un mes antes del estreno, Netflix compartió el trailer pero también le dio a este medio la oportunidad de conversar con los responsables del arte de El Eternauta. Julián Romera y María Battaglia fueron los encargados de convertir los dibujos de Oesterheld en realidad, y hacerlas converger con las ideas de Stagnaro.

No suele pasar que uno adapte un libro y que esté la referencia visual puntual ahí. ¿Cómo eligieron qué cosas podían replicar lo más fielmente posible?

María Battaglia: Bueno, un poco nosotros acercamos posibilidades de encuadres porque nos parecía que van a sumar a esta sensación. Después la adaptación fue siempre tomar el eje de que la protagonista para nosotros era la ciudad. Bueno, hay protagonistas humanos, ¿no? Pero para nosotros era la ciudad y contar con todo lo que es. No tratar de mejorar la ciudad de Buenos Aires… viste que quizás tenés una película que la hace más bonita. Para nosotros era, con toda esa heterogeneidad, tratar de plasmarla, que es un poco el recorrido que tiene la historieta. La historieta comienza en una zona más de clase media como era Vicente López en ese momento y va haciendo un recorrido en donde se va metiendo en distintos espacios de la ciudad. Bueno, eso mismo nosotros lo queríamos reflejar. Y (la novela gráfica) fue una biblia o fue nuestra columna vertebral y el lugar donde se solucionaban los conflictos porque cuando no sabíamos si era mejor esto o lo otro, siempre la respuesta estaba ahí adentro. Volvíamos a ver algo y decíamos, "Ah, pero mirá, mirará esta viñeta, acá está, ¿ves? Es medio por acá”. Queríamos esta cosa inconsciente colectivo que tiene El Eternauta y que nos nutre a todos, y tener mucho respeto por eso.

Para vos, Julián, ¿cómo fue? Y te sumo la siguiente pregunta: esto de elegir a la ciudad como un protagonista más. Hablan de vivir una aventura en la esquina de tu barrio. ¿Cómo fue esa transformación desde tu perspectiva?

Julián Romera: Era un privilegio poder partir de una historieta con imágenes, de una novela gráfica con imágenes, ¿no? No siempre ocurre eso en alguna adaptación. Eso nos permitía a nosotros, si bien Bruno había planteado una adaptación contemporánea, en cierto sentido bastante alejada, pero sin embargo, todo el tiempo si nos alejábamos un poco volvíamos… lo que decía María: a ver notas gráficas, encuadres… determinados elementos que nos podían a ayudar y nuevamente traernos a la historieta. Es un poco como la guía estructural.

Con respecto después a la ciudad, un poco la introducción que hizo María. La realidad es que nosotros sabíamos que había un punto neurálgico que era lo que vos decís que teníamos que reconocer Buenos Aires. Si bien era una Buenos Aires distinta, distópica, que le habían le habían ocurrido una serie de eventos, la realidad es que teníamos que poder tener la balanza para también poder reconocer una esquina, también poder reconocer un cartel, también poder reconocer un almacén. Porque eso lo tuvo la novela en su momento y creo que eso fue parte de también de lo atractivo. Porque todo el tiempo consumimos cuestiones del afuera y entonces cuando uno se encuentra con una novela de estas características y te está hablando de tu barrio, de la avenida General Paz, de todo eso, bueno, empieza a tener un atractivo. En nuestro diseño de producción, en nuestro diseño creativo de esa ciudad nueva, sabíamos que teníamos que respetar eso. Que a pesar de las mil capas que tenía la ciudad que había sido transformada, igual teníamos que poder reconocerlo.

Quiero hablar del traje y esa máscara que es diferente. Cuéntenme un poco cómo encontraron esa máscara que es diferente a la del cómic. ¿Cómo la encontraron y cómo fueron conformando el resto del traje?

M.B.: Primero hay algo fundamental en la adaptación que es el cambio de la casa, todo comienza en la casa de Favalli en vez de la de Juan Salvo. Entonces, Favalli ya es un personaje con otras complejidades que nos aportaban todo un mundo más científico y aventurero. Después teníamos este concepto de la segunda oportunidad, ¿no? Que es algo que también atraviesa todo el cuento que traemos y cómo estos objetos cobran de nuevo una importancia que habían dejado de tener. Entonces, el gamulán siendo una prenda que quizás hoy no se usa, pero en su momento realmente si querías estar abrigado y te ibas de mochilero al sur, te ibas con un gamulán… que estuviera en el placard de Favalli con la máscara… bueno, fue armar primero con Patricia Conta que es la vestuarista, armar un poco el universo de los personajes, de Favalli, de qué podían tener, que tiene todo este depósito que tiene Favalli, ¿no? Y cómo nos nutre como para salir a la aventura. Es la cueva desde la que empieza la aventura y este traje se arma ahí. A mí me gusta mucho esa escena en la que sacan todas las cosas y que empiezan a armar el traje con lo que hay.


¿Con respecto a la máscara? Ya no tiene esos dos ojos, creo que es de Chernóbil la que se ve en el cómic, si no me equivoco… ésta cambia, es como más de un buzo incluso…

J.R.: Dimos un montón de vueltas sobre la máscara. Primero, por cuestiones estéticas, cómo queríamos que se viera, cómo queríamos también poder ver la mirada de Juan Salvo. Pero también hubo cuestiones técnicas a resolver, porque la realidad es que esas máscaras en general tienen un filtro de aire que reduce la capacidad que te llega de aire. Entonces, la verdad que era una incomodidad para el protagonista. Así que si bien no queríamos quitar toda esa incomodidad, teníamos que reducirla. Así que se fue haciendo readaptaciones con distintos tipos de filtros para que él pueda respirar un poco mejor a pesar de que igual era una dificultad propia del personaje y del actor para para llevar a cabo eso. Pero hicimos muchas pruebas, muchas readaptaciones porque él pasa muchas horas en el set trabajando con eso. Terminaba una escena y aflojaba. Era una incomodidad. Pero creo que a él lo atravesó y creo que es parte también de la construcción del personaje que él llevó a cabo.

¿La serie tuvo algún tipo de injerencia desde el trabajo de ustedes? ¿Alguna sugerencia para cambiar algo? ¿Ideas que aportaron que quedaron?Porque incluso hay personajes que no estaban en la novela…

M.B.: Mira, los guiones de Bruno Stagnaro son super precisos. Tenés siempre una frase que lo resume todo, en donde te está diciendo qué atmósfera… son de una precisión poética. Porque te dice qué atmósfera, qué sentimientos, qué sensaciones, qué tensiones se van a reflejar. Pero, quizás no tenés exactamente una indicación visual de lo que vas a ver. Así que desde ese lado nosotros acercamos todas las ideas posibles. Es un proceso sumamente generoso trabajar con Bruno. Bruno habla con todos y todos lo que están a su alrededor pueden ir sumando ideas. Así que desde ese lado, muchas cosas que nosotros llevamos como ideas quedaron plasmadas de la construcción de los personajes o de sus ámbitos. O de las calles… el fondo, qué negocio va a estar ahí… o sea, hay muchísimo de esa construcción. Porque realmente fue un proceso enorme y en donde todo cobra un significado. Cada elemento que ponemos estamos tratando de sumar capas y capas y capas y capas, para para construir esta idea general. Eso requiere de las miradas de todos.

J.R.: Nosotros teníamos una oficina, que Bruno pasaba varias horas, le gustaba venir a nuestra salita. Y era un refugio. Y era el refugio esto de abrir a lo colectivo. De una idea que él tenía, pero que siempre necesitaba compartirla, reafirmarla o volver a desarmarla para construir otra cosa. Así que en eso fue sumamente generoso y habla también un poco de la construcción colectiva. Casi todos los días en algún momento pasaba por la salita, se sentaba y charlábamos. Y eso la verdad que creo que también fue una de las cosas más lindas del proceso.


No se hace mucha ciencia ficción acá en Argentina. ¿Cómo fueron esas presiones y qué fue lo más difícil de adaptar?

J.R.: Creo que un poco parte del desafío era filmar en  escenarios reales. En general la ciencia ficción suele meterse en estudio, resguardarse en los estudios que es un lugar de cierta comodidad para el equipo y para los actores. Y la decisión acá también fue, también porque la novela lo traía, era filmar en escenarios reales y era salir a la calle. Era filmar en un lugar que en una primera instancia parecía casi imposible. Yo creo que ese fue un desafío enorme y creo que fue un rasgo muy distintivo, muy característico también. De darle esa identidad que nosotros queríamos darle, que es entender a la ciudad tal cual es. No había que darle una pincelada de más. Sabíamos cuál era el rumbo y esa era nuestra ciencia ficción.

Por qué El Eternauta transcurre en el presente

Una de las mayores controversias alrededor de esta versión de El Eternauta producida por Netflix tenía que ver con la decisión de correr la línea temporal. La invasión de los Ellos ya no ocurre a finales de la década del 50. La Buenos Aires nevada que vemos es la de ahora y esta decisión fue discutida y sostenida por el propio Bruno Stagnaro.

De acuerdo al realizador, la necesidad de trasladar los hechos a la actualidad tenía que ver con la posibilidad de interpelar directamente al televidente, de la misma forma que las viñetas lo hacían en la novela gráfica con los lectores. Hay una mayor cercanía, un mayor impacto, cuando somos capaces de reconocer las calles por las que transita Juan Salvo en esa Buenos Aires nevada. Y con esta idea también coincidió Martín Oesterheld, el nieto del autor de la novela gráfica original, que dijo que era más fiel a su espíritu que discutiera con lo que pasa ahora.

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