04/04/2025 - Edición Nº787

Internacionales

Lucha antidrogas

Occidente cede, Rusia responde: la cruzada antidrogas que propone el embajador Feoktistov

03/04/2025 | En un artículo reciente, el embajador ruso en Argentina, Dmitri Feoktistov, expuso la postura firme de su país frente al narcotráfico. Con críticas a las políticas permisivas de Occidente, defendió un enfoque centrado en la prevención, el castigo y la conciencia social.



El embajador de Rusia en Argentina, Dmitri Feoktistov, publicó un artículo en el que subrayó la determinación de su país para combatir el problema de la drogadicción, sus causas, consecuencias y externalidades. En su escrito, cuestionó los denominados "experimentos liberales" impulsados por algunos países occidentales, donde la permisividad frente al consumo ha beneficiado, según él, a grupos criminales. Sin embargo, el tema es mucho más complejo, condicionado también por elementos culturales y sociales particulares en cada país.

Las drogas representan un problema estructural de escala global. En este contexto, algunos países han optado por estrategias progresistas o permisivas, al considerar que es imposible ganar la batalla contra un enemigo que alimenta redes criminales cada vez más poderosas. Así, se han implementado políticas de despenalización del consumo o, en ciertos casos, de regulación y producción estatal.

El caso más emblemático en Europa es el de Países Bajos, donde el cannabis se comercializa de forma legal y su consumo se normaliza socialmente. En América Latina, Uruguay destaca por ser el primer país en legalizar y regular la producción y el consumo de cannabis desde 2013, durante el gobierno de José "Pepe" Mujica. En Argentina, aunque la legislación aún es más restrictiva, el consumo cuenta con cierta aceptación social en muchos sectores, siendo común observar en la vía pública a personas —incluso menores de edad— consumiendo estupefacientes.

Esta normalización, sostiene el embajador, deriva en consecuencias múltiples: afecta a los individuos, a las familias, a las comunidades donde la violencia y el crimen organizado se instalan, debilitando al Estado frente a un negocio ilegal que erosiona el tejido social.

Feoktistov también se refirió específicamente al caso argentino, afirmando que Buenos Aires, al igual que otras capitales occidentales, ha seguido el camino de la liberalización parcial de las drogas, permitiendo la posesión de pequeñas cantidades de sustancias "ligeras" y su uso con fines médicos. A pesar de los esfuerzos de las autoridades, la Asociación Antidrogas de la República Argentina reportó en 2024 que el 13% de la población (unos 6 millones de personas) consume regularmente sustancias psicoactivas.

En contraposición, destacó el modelo de la Federación Rusa. Bajo la “Estrategia de Política Antidroga hasta 2030”, Rusia prioriza generar una actitud de rechazo hacia el consumo de drogas, incluidas aquellas consideradas "ligeras". También busca fortalecer el sentido de responsabilidad individual y colectiva sobre la salud y el bienestar. Se promueve la detección temprana del consumo y se incentiva el tratamiento para personas con adicciones. Al mismo tiempo, se han endurecido las penas para delitos como el tráfico, el contrabando y la promoción del consumo.

Sin duda, se trata de un problema que trasciende ideologías. Las drogas destruyen familias y alimentan la criminalidad en todo el mundo. Aunque no existe una fórmula mágica, el embajador advierte que las políticas de permisividad pueden tener consecuencias muy difíciles de controlar para los Estados.

Finalmente, Feoktistov subraya los resultados concretos de su país: en 2023, las fuerzas de seguridad rusas detectaron más de 13 mil delitos vinculados a drogas. Además, se incautaron 32 toneladas de estupefacientes (frente a 26 en 2022) y 41,2 toneladas de precursores químicos (contra 15 en 2022).

El modo en que cada sociedad aborde este problema será determinante para las próximas generaciones. Feoktistov propone una hoja de ruta clara, alejada de la lógica permisiva que se extiende en muchos rincones del mundo. En su visión, no se trata solo de leyes, sino de valores y prioridades: proteger a la sociedad, defender a las familias y garantizar que las próximas generaciones crezcan libres de un flagelo que, aún hoy, parece ganar terreno.