04/04/2025 - Edición Nº787

Internacionales

Lo dejaron plantado

Javier Milei en Estados Unidos: elogios, guiños y una puerta cerrada

04/04/2025 | El presidente argentino recibió un premio simbólico en Washington y ofreció un discurso cargado de elogios hacia el presidente estadounidense. Sin embargo, no fue recibido por él.



Javier Milei viajó a Estados Unidos con una misión que combinaba lo simbólico con lo político: mostrarse cerca del presidente Donald Trump, luego de los aranceles que este tiene planeado imponer a nivel global, en los que Argentina es tratada igual que Colombia o Brasil. El mandatario participó de la gala “American Patriot”, recibió un premio y desplegó un discurso afinado con los valores del trumpismo. Pero lo que no consiguió fue lo más importante: una reunión con el presidente norteamericano en funciones.

El gobierno argentino informó, en voz del vocero y candidato a las elecciones legislativas de CABA, Manuel Adorni, que Milei “se reunirá con referentes internacionales de primer nivel relacionados con la seguridad y la política estadounidense”, pero evitó confirmar si Trump estaría entre ellos. La omisión, ahora confirmada por los hechos, deja expuesto un vacío incómodo: el presidente argentino no fue recibido por su par norteamericano, a pesar de los constantes gestos de alineamiento ideológico.

Mientras tanto, Trump sí se reunirá con Nayib Bukele, presidente de El Salvador y aliado clave en su visión de orden y seguridad para la región. Bukele fue elogiado públicamente y recibe trato preferencial. Su política de seguridad, que logró convertir a su país en el principal centro de reclusión incluso para miembros del Tren de Aragua, fue destacada como modelo y lo acerca a los intereses estadounidenses. Milei, en cambio, se quedó con la foto del premio y un puñado de frases entusiastas.

Durante su intervención, el mandatario argentino buscó seducir a su audiencia con una retórica cargada de guiños: “La Argentina va a avanzar en readecuar la normativa de manera que cumpla con los requerimientos de las propuestas de aranceles recíprocos elaborados por el presidente Donald Trump”, declaró. Y remató: “Es momento de hacer y estamos comprometidos en tomar las medidas necesarias para resolver la asimetría con los Estados Unidos en un plazo breve”.

La escena dejó una sensación ambigua. Desde el entorno presidencial se insistió en mostrar el viaje como un gesto de inserción internacional. Pero lo cierto es que el evento no incluyó ni una agenda bilateral formal ni un encuentro con el jefe de Estado anfitrión. En términos reales, su viaje resultó más performático que efectivo.

Y el discurso de Milei —cargado de admiración, alineamiento y entusiasmo por agradar— no pasó desapercibido por su retórica cachorresca: el tono ansioso del que quiere ser parte, pero aún espera ser admitido. Una narrativa de subordinación voluntaria que, en política exterior, suele tener poco retorno.

La visita, entonces, queda resumida en una frase que resuena con fuerza en pasillos diplomáticos y redacciones por igual: mucho ruido y pocas nueces.