06/04/2025 - Edición Nº789

Internacionales

Intimidad, cuerpo y símbolo

El morbo del poder: cuando la política se desnuda

05/04/2025 | De Lady Di a Barack Obama, de Merkel a Leonor: la imagen del cuerpo (más o menos vestido) de un líder político o miembro de la realeza sigue siendo un campo de batalla simbólico, cargado de morbo, poder y tensiones culturales.



La exposición de un líder en traje de baño, una imagen aparentemente banal, se convierte, como sugiere la periodista y asesora Patrycia Centeno, en una potente metáfora visual: por unos instantes, el poder se muestra sin sus escudos simbólicos. A través de su cuenta @politicaymoda, Centeno ha analizado cómo estas imágenes, que revelan parcial o totalmente el cuerpo de figuras políticas y miembros de la realeza, adquieren un valor simbólico que va más allá de lo estético o lo anecdótico.

La exhibición del cuerpo, señala Centeno, se interpreta como una pérdida momentánea de autoridad: el traje, la corbata, el uniforme o la tiara funcionan como escudos simbólicos. Al despojarlos de ellos, los líderes se muestran como “simples mortales”, sujetos a las leyes del tiempo, del cuerpo y del deseo ajeno.

Ese interés visual y mediático, al que Centeno alude como “morbo”, tiene raíces culturales profundas. En las sociedades grecorromanas, la desnudez no era necesariamente vista como una transgresión. Sin embargo, la irrupción de las religiones monoteístas modificó esa percepción, especialmente en relación con el cuerpo femenino. De ahí que, aunque las romanas ya utilizaban prendas similares al bikini en el siglo IV, su reaparición en el siglo XX generara escándalos y controversias.

La realeza, con su aura de divinidad contemporánea, se convierte en un blanco particularmente atractivo para este tipo de exposiciones. Desde las primeras imágenes en bikini de la entonces princesa Letizia hasta las fotografías icónicas de Lady Di en el yate de Dodi al-Fayed, el lente paparazzi se obsesiona con cada centímetro de piel visible. Centeno recuerda incluso que la firma Zara recreó esas escenas en una de sus colecciones recientes.

En Mónaco, donde la relación entre poder y glamour forma parte de la identidad nacional, las imágenes en traje de baño parecen más toleradas, con algunas excepciones notorias como el caso de Daniel Ducruet. Fuera del ámbito monárquico, la lista de líderes expuestos es amplia: Angela Merkel, Michelle Bachelet, Kate Middleton o Ségolène Royal —quien llegó a demandar a Paris Match por una portada suya en bañador, al considerarla un ataque a su dignidad política—.

Si bien el cuerpo femenino es objeto de mayor vigilancia y comentarios, también existen ejemplos masculinos. Barack Obama fue descrito como “atractivo” por la revista Washingtonian en una imagen en bañador; José María Aznar suscitó comentarios por sus abdominales, mientras que David Cameron eligió cuidadosamente el color azul conservador para su atuendo playero. En España, figuras como Felipe González, Manuel Fraga, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy o Rodrigo Rato también han protagonizado imágenes veraniegas, en las que lo simbólico y lo trivial se entrelazan.

Más recientemente, la princesa Leonor de España, futura heredera al trono, fue fotografiada en bikini, lo que generó un notable revuelo mediático. Según Patrycia Centeno, este tipo de imágenes no son fruto del descuido, sino que responden al interés por "normalizar" a la futura monarca, presentarla como una joven más, cercana y accesible. Sin embargo, esa estrategia también despierta inquietud en los sectores más conservadores del entorno monárquico, que temen que, al mostrar a la realeza en contextos cotidianos, se erosione su aura simbólica y se debilite el carácter excepcional que legitima su papel institucional.

“Pero tranquilos —concluye la periodista con ironía—, creo que los republicanos ya saben quiénes son los reyes.”